El viaje se acercaba… Habíamos decidido quedarnos en un hotel un día antes. Esa noche había quedado con Nestor en encontrarnos por primera vez. No lo conocía realmente no del todo lo que generaba en mí una inquietante curiosidad Esa noche me cambié con prisa. Como si pensar demasiado pudiera hacerme retroceder. Pedí un taxi y salí. Durante el trayecto, el nerviosismo se filtraba en gestos pequeños: una mirada disimulada al espejo retrovisor, la mano acomodando el cabello, los labios apenas presionados, como queriendo confirmar que todo estaba en su lugar… o tal vez, que yo lo estaba. El taxi se detuvo. Bajé. No lo vi. Le escribí: —¿Dónde estás? La respuesta llegó casi de inmediato: —Voltea. Y ahí estaba. No hubo tiempo para anticipar nada. Nos saludamos con un beso en la mejilla, breve, correcto… pero cargado de una cercanía inesperada. Antes de que pudiera organizar mis pensamientos, me tomó suavemente del brazo. —Vamos a caminar —dijo. Y lo seguí. Descendimos por unas ...
Decidí tomar un rumbo distinto. Después de aquel incendio, que presencie decidi tomar aire después de todo lo que había visto delante mio, ya no habia mas que hacer, ese sentimiento quedó reducido en cenizas. A los pocos dias descargué una app de citas. No buscaba pareja. Buscaba saber que se siente, que sintió ella, que vio él. De pasada saber qué se sentía volver a conversar con desconocidos después de tantos años. Era más curiosidad que estar solar. Ademas mi papel de salvadora había quedado completamente quemado. Ya no había forma de ser la misma de antes. En una de esas tardes en las que organizaba mis próximas citas laborales, apareció un mensaje en la app. Se llamaba Roberto. Fue cortés, correcto, decía venir de la capital. Le comenté que viajaría en los próximos días y de inmediato propuso vernos. Nuestra comunicación nunca salió de la app; no tenía su número ni él el mío. El supuesto encuentro terminó en nada: quiso que nos viéramos en un punto que me pareció ...