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LA MUJER DE LOS GATITOS

Fui  a visitarla la semana que pasó, no tenía grandes ganas de verla, pero me entró la reflexión navideña, puesto que también le había prometido que la visitaría, ya se acerca el año nuevo, no es justo que espere tanto mi visita, me dije.
La llamé, reconoció con euforia mi voz, programamos fecha y hora de encuentro en su casa, como siempre en realidad, nunca hemos ido a otra parte que no fuera su casa.
Me había dado cuenta que hace medio año que no nos veíamos. 
Al llegar a su casa, me recibió como siempre, con un cálido y fuerte abrazo. Tomé asiento en la misma poltrona verde oscuro, me miró con impaciencia, quería noticias mías. 
En realidad no tuve mucho que contarle, todo fue muy puntual, y entrecejada, no esperando una respuesta tan simplona. Inmediamente cambió de tema, y saltó a los gatos, ¿los gatos?, ¿Qué gatos ? Le pregunté. 
Ella sonrio para mi, qué ¿no sabes?, me encontré una gata. Resulta que había una gatita, que merodeaba su casa. Específicamente su jardín, no tenia dueño, ni casa, y con las semanas se encariñaron, empezaron a darle agua, leche, algo de comida, y conociéndola como es ella, le abrió la puerta de su casa. 
Antes de que la dejara entrar a su casa, notó que un gato cortejaba a la gatita intrépida, con movimientos de cola sutilmente, entre juegos de patitas, y maullidos románticos gatunos, conquistó el amor de la dulce gatita.
Ella, procuró inmediatamente cobijarla y quedarse con ella, para que así le haga compañía, su soledad era crónica, la gatita recibió los cuidados extraordinarios, como nunca se lo habría dado su dueño, si en caso hubiera tenido. Aunque ella piensa que sus dueños la botaron de la casa, o simplemente era maltratada ya que tuvo unos dueños masoquistas. No sabe, y todo queda en pensamiento.
A las semanas, notó una leve hinchazón en la panza de la gatita e inmediatamente supo que estaría preñada, pues los cuidados hacia la tierna gatita eran de primera, en el día del parto, le armaron un espacio especial en el tragaluz de la casa, para así tenerla cerca y contemplarla de vista. Uno por uno iban saliendo los gatitos, mientras que ella apasionada ante ese impactante suceso, los iba contando, cinco, son cinco se dijo emocionadisima, a cada uno les puso un nombre y los supo identificar desde el primer día de su nacimiento, cual madre; Tigrillo, Rayuela, Amarata, Chaquetino y Mocaccino. Con una enorme sonrisa en los labios, me los mostró, los sabia identificar a la perfección, y estaba algo complicada de cuidar cinco gatos y con la mamá, seis. Quería dar en adopción a tres o tal vez dos, estaba dubitativa, aunque su emoción como su soledad era grande, procuraba ser la de antes, pero algo le había cambiado, tal vez sea la maternidad, o los mismos animales, sentí que al menos esos sutiles animalitos le llenarían parte de su tristeza.
Nació en verdadero amor, de ese corazón solitario y angustiado, y como ella me dijo, los gatos escogen a sus dueños, me causó sorpresa, con esta sería la segunda vez que lo escucho y una vez más confirmé que mis sospechas eran ciertas. Su vida y la de los gatos, estaban destinados uno hacia el otro.


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