Ir al contenido principal

DONDE QUIERAS QUE ESTES

Querido Erick:

Desde que tengo uso de razón, estás en mis recuerdos más vivos. Siempre fuiste un niño travieso, juguetón, creativo. Te inventabas tus propios juegos, jugabas a ser cura con tu biblia en mano, o bailabas sobre la cama con la energía y carisma de quien se sabe único. A veces te veía de lejos, calladamente, como si algo dentro de mí supiera que tú eras diferente, especial, sensible... más de lo que el mundo supo entender.

Fuiste respondón, sí, pero también solidario: ayudabas a tu mamá Elva a calificar los exámenes, compartías tu risa, tus canciones, tus novelas mexicanas y tu amor por la música hindú. Tu alegría era particular, inimitable. Te veía crecer, cambiar, intentar encontrar un lugar en un mundo que muchas veces no tuvo la delicadeza para acogerte como merecías.

Trabajaste, estudiaste, pero algo en el fondo parecía no llenarte del todo. Y aunque no lo supe entonces, hoy entiendo que dentro de ti había heridas que nadie alcanzó a ver, que quizás tú mismo no sabías cómo nombrar.

Te alejaste, como lo hacen a veces las personas que están buscando sin saber exactamente qué. Me dolía verte rodeado de personas que no te cuidaban como merecías. Intenté acercarme, aconsejarte, tenderte la mano... pero había un muro invisible, uno que solo tú sabías cómo se sentía desde adentro.

Cuando enfermaste, tu cuerpo habló lo que tu alma venía gritando hace tiempo. Aun así, entre sonrisas y bromas, seguías escondiendo tu dolor. Recuerdo esa vez que dijiste “me voy a morir” con una risa ligera, y yo me quedé mirándote en silencio, sin saber si bromabas o si ya estabas despidiéndote.

Me sorprendes hasta hoy, incluso en tus últimos días, cuando hablaste bien de mí, cuando dijiste que me admirabas. No supe qué decir… solo sentí una mezcla de tristeza y gratitud, porque aún en tu dolor pensaste en mí.

La última vez que te vi fue a través de una ventana… esa imagen la llevo clavada: tú, sentado, agitado, cansado… Y yo impotente al otro lado del vidrio, queriendo ayudarte, pero sin poder cruzar esa barrera.

Cuando llegó la noticia de tu partida, el dolor fue inmenso. Me dolió perderte, me dolió imaginar cómo te fuiste: con miedo, con pena, con preguntas sin responder. Me dolió pensar en lo que te faltó: comprensión, apoyo, alguien que te sostuviera cuando el mundo se volvió grande para ti.

Erick, donde estés, espero que hayas encontrado la paz que tanto buscabas. Que el cielo sea cine, comida rica, música a todo volumen y esa libertad que tanto anhelabas.

A veces te pienso. A veces hablo contigo en silencio. Y a veces, simplemente, me quedo con esos recuerdos en los que tú bailabas, cantabas y hacías del mundo tu propio escenario.

Te llevo en el corazón, primo hermano. Gracias por todo lo que me enseñaste, incluso en tu silencio.

Con amor,
Tu prima hermana.

Comentarios

Entradas populares de este blog

LO QUE PASÓ

Aquella vez que me invitaste a almorzar, pocos días antes de mi cumpleaños, me pareció extraño, la invitación, y consigo el atrevimiento de tomar una foto nuestra y la publicaste en tus estados de WhatsApp. Recuerdo haber pensado: qué raro . ¿Qué intención tiene este  hombre que hace público algo que nunca ha definido en privado? Pasaron algunas semanas y un mensaje de voz llegó a mí desde un pariente cercano. Me contó una conversación que había tenido contigo, donde hablabas de planes conmigo, de un futuro posible. Aquello me resultó aún más desconcertante. Un hombre que quiere a una mujer no habla de ella como rumor; la mira de frente y se hace cargo. Eso, lejos de acercarme, me puso en alerta. Decidí observar. Tiempo después me escribiste por WhatsApp diciendo que teníamos planes, que viajaríamos, que conoceríamos algunos lugares juntos. Y nuevamente mi fino sentido, me decía: ¿Por qué tanta atención hacia mi? no voy a negar que la idea me ilusionó. Pensé —ingenuamente— que ...

LOS HOMBRES DE HOY: SU FALTA DE ENTREGA Y COMPROMISO

Hay una realidad que muchas mujeres comenzamos a ver con más claridad, especialmente después de la pandemia: algo ha cambiado profundamente en la manera en que muchos hombres se relacionan. Lo he vivido en carne propia, y hoy quiero reflexionar sobre ello. Antes de ser madre, antes del caos mundial que nos desubicó a todos, mis experiencias eran distintas. Salía con hombres que eran caballerosos, atentos, presentes. Me invitaban a salir, a comer, a conversar. Jamás me dijeron vamos 50/50. Nunca me pidieron fotos sugestivas, ni hubo exigencias sexuales. Había un respeto tácito. Había, al menos, un intento de cortejo.  Pero ahora, luego de cerrar definitivamente una relación intensa y dolorosa, decidí abrirme al mundo digital, no para encontrar el amor a ciegas, sino para entender e investigar, por mi misma: ¿qué está pasando con los vínculos?  ¿Qué se esconde detrás de tanto filtro y ego inflado?, ¿Qué se esconde detrás de una máscara? Y lo descubrí. Conocí a varios hombres...