El viaje se acercaba… Habíamos decidido quedarnos en un hotel un día antes. Esa noche había quedado con Nestor en encontrarnos por primera vez. No lo conocía realmente no del todo lo que generaba en mí una inquietante curiosidad Esa noche me cambié con prisa. Como si pensar demasiado pudiera hacerme retroceder. Pedí un taxi y salí. Durante el trayecto, el nerviosismo se filtraba en gestos pequeños: una mirada disimulada al espejo retrovisor, la mano acomodando el cabello, los labios apenas presionados, como queriendo confirmar que todo estaba en su lugar… o tal vez, que yo lo estaba. El taxi se detuvo. Bajé. No lo vi. Le escribí: —¿Dónde estás? La respuesta llegó casi de inmediato: —Voltea. Y ahí estaba. No hubo tiempo para anticipar nada. Nos saludamos con un beso en la mejilla, breve, correcto… pero cargado de una cercanía inesperada. Antes de que pudiera organizar mis pensamientos, me tomó suavemente del brazo. —Vamos a caminar —dijo. Y lo seguí. Descendimos por unas ...