Tú, apareciste en un momento inesperado, justo cuando una herida vieja pedía ser vista con otros ojos. Llegaste con tus palabras cálidas, tus silencios confusos, tu ternura disfrazada de misterio, y con eso removiste algo dentro de mí. Lo acepto. En un instante te sentí diferente a los demás, cercano, chispeante… por momentos creí que podría nacer algo verdadero entre nosotros. Pero pronto entendí: no habías venido a quedarte, sino a mostrarme claridad, del cual iba encajando las piezas de este rompecabezas, tus fotos, tus videollamadas, tu voz, tu pasado... Mientras mi intuición me decía algo muy interno y en una ocasión te arranqué de mi vida y mis redes, me atrapaste con una canción, pisé el anzuelo y nuevamente continuamos soñando encima de esa nube. Fuiste una nube que cruzó mi cielo, y aunque no pudimos conocernos en persona, dejaste una estela hermosa de memorias. Memorias que no me duelen, pero que me enseñaron a reconocer sutiles señales, a recordar aquella heri...