Tú, apareciste en un momento inesperado, justo cuando una herida vieja pedía ser vista con otros ojos.
Llegaste con tus palabras cálidas, tus silencios confusos, tu ternura disfrazada de misterio, y con eso removiste algo dentro de mí. Lo acepto.
En un instante te sentí diferente a los demás, cercano, chispeante… por momentos creí que podría nacer algo verdadero entre nosotros.
Pero pronto entendí: no habías venido a quedarte, sino a mostrarme claridad, del cual iba encajando las piezas de este rompecabezas, tus fotos, tus videollamadas, tu voz, tu pasado...
Mientras mi intuición me decía algo muy interno y en una ocasión te arranqué de mi vida y mis redes, me atrapaste con una canción, pisé el anzuelo y nuevamente continuamos soñando encima de esa nube.
Fuiste una nube que cruzó mi cielo, y aunque no pudimos conocernos en persona, dejaste una estela hermosa de memorias.
Memorias que no me duelen, pero que me enseñaron a reconocer sutiles señales, a recordar aquella herida que dejó una cicatriz el cual es mi amuleto en la vida.
Con tu presencia recordé lo que ya no quiero repetir.
Sin que tú lo supieras, tu alma me habló más de una vez. A través de las infinitas constelaciones en aquel cielo estrellado, escuché tus vacíos, tu pena, tu soledad callada. Escuché también tu reconocimiento hacia mí, tus palabras de admiración, tu intriga de querer saber más de mí y yo de ti.
El anhelo de conocernos algún día, aunque ese anhelo no lo veía tan real de tu parte, tu deseo... deseo de quedarte al menos como amigo.
Y aunque me dolió sentir que no podías dar más, también entendí que no todos los encuentros están destinados a florecer.
Algunos solo llegan para abrir los ojos, no el corazón.
A ti, no te juzgo.
Sé que hiciste lo que pudiste con lo que sabías. Y yo también, aunque yo antes había estado en los juegos del calamar. Lo sabia perfectamente, por lo que decidí retirarme con dignidad.
Tu paso por mi vida fue breve, pero profundo, porque así lo sentí, así lo sentimos desde un inicio.
Fuiste espejo y maestro. Fuiste el recordatorio de que ya no soy la de antes: Ahora me elijo.
Y aunque no haya sido amor, hubo algo verdadero: esa conexión luminosa por instantes, esa atmosfera vibrante entre los dos, esa parte tuya que sí vio lo que soy, y esta parte mía que sin conocerte te desnudó el alma con un puñado de verdades, que sólo te dejaban sin palabras, no me arrepiento de haberte conocido.
Esas charlas infinitas de día y de noche. Me buscabas, mientras que yo esperaba tu ansiada llamada, tan inesperada, llenas de confesión e ilusión. Lo que antes había olvidado. Ese gesto tuyo, tan genuino, ese beso volado, esos ojos cargados de emoción y brillo. Tan real y lejano a la vez.
Por un instante me sentí querida cuando en realidad era una hermosa utopía.
Gracias por tu presencia.
Gracias por tus silencios también, que me hablaron más que muchas palabras.
Gracias por mostrarme que el verdadero amor se elije.
Hoy cierro este capítulo de esta fascinante historia, te suelto con gratitud, con paz, y con el cariño sereno que se le tiene a una nube que pasó, y dejó en el alma una estela suave, cual brisa de nostalgia.
Seré tu recuerdo, y el alma que te mostró un pedazo de la suya.
Serás mi recuerdo cálido, él que me mostró lo que había olvidado.
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Comentarios
Publicar un comentario