Habían pasado cien años, durante los cuales la nodriza XF600 había estado orbitando sin dirección alguna en el vasto y solitario espacio. Un pitido resonó y una luz se encendió en la sala de hibernación, una de las capsulas se abrió lentamente, liberando a una mujer de su sueño criogénico. Pasaron unos minutos después de que recobrara la conciencia, se levantó y permaneció sentada en la capsula, donde la albergó un siglo de profundo silencio. Intentaba recordar el pasado. Abrió los ojos y notó que llevaba puesto en brazalete en su muñeca, con el nombre de “Julianne”. Destellos de recuerdos flotaban en su mente: sonrisas, el aroma a pastel recién horneado, caras borrosas de sus padres, abrazos y despedidas, la combustión de la nave, una mano a través de la ventana, la tierra, la guerra interestelar. Lo recordó todo en un instante, los recuerdos entraron por sus ojos como un torrente imparable, llenando su memoria casi olvidada. Julianne, se tocó los senos, se dio cuenta que e...