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DOS MUNDOS UTÓPICOS

 

Habían pasado cien años, durante los cuales la nodriza XF600 había estado orbitando sin dirección alguna en el vasto y solitario espacio. Un pitido resonó y una luz se encendió en la sala de hibernación, una de las capsulas se abrió lentamente, liberando a una mujer de su sueño criogénico. Pasaron unos minutos después de que recobrara la conciencia, se levantó y permaneció sentada en la capsula, donde la albergó un siglo de profundo silencio.

Intentaba recordar el pasado. Abrió los ojos y notó que llevaba puesto en brazalete en su muñeca, con el nombre de “Julianne”. Destellos de recuerdos flotaban en su mente: sonrisas, el aroma a pastel recién horneado, caras borrosas de sus padres, abrazos y despedidas, la combustión de la nave, una mano a través de la ventana, la tierra, la guerra interestelar. Lo recordó todo en un instante, los recuerdos entraron por sus ojos como un torrente imparable, llenando su memoria casi olvidada.

Julianne, se tocó los senos, se dio cuenta que estaba desnuda, saltó de la capsula y dirigió a su gabinete a vestirse. Una vez cubierta fue al control de mando y observó los datos; estaban en el año 4300 de la era de la Tierra. No había nadie, más en la nave solo ella.    

El sistema de control de mando estaba averiado y encontrar las piezas necesarias para arreglarlo le llevaría tiempo, mientras tanto Juliane, sembraba algunas plantas y hortalizas lo cual le permitía alimentarse, durante esos descansos después de la merienda, se puso a jugar con unos dardos que encontró entre todo el revoltijo de cosas. Parpadeó con suspicacia, al acercarse a la pizarra; eran sus fotos de la infancia y juventud, sus recuerdos felices en la Tierra.

Deseó revivir esos recuerdos y acarició la idea de entrar en la cápsula de los sueños para regresar a la Tierra, al menos en su mente. Se acomodó en la capsula y programó su sueño por unas horas y cual túnel de tiempo la llevó a otra dimensión.

Una intensa luz de mañana, le cegaban los ojos, autos iban y venían. Al frente de ella vio una cafetería y decidió entrar de pronto surgió una conversación repentina: “te recomiendo un café moka, te va a encantar, no vas a tener pierde, también te recomendaría unas galletitas de chocolate que le darán un toque especial” esbozando una deliciosa sonrisa e inclinando su mirada en ella.

Julanne, lo miró de pies a cabeza; era un hombre atractivo, con algunas arrugas en el rostro pero no se veía viejo, era relativamente joven. Sin dudarlo ella lo invitó a sentarse en su mesa. Intrigada y algo fascinada le preguntó al hombre quién era y a qué se dedicaba. Como si supiera leer sus pensamientos, él soltó un ligero rictus sosegado y respondió: “Me llamo Luke, y aquí me tienes”.

Desafortunadamente, el sueño había sido programado por poco tiempo. Poco a poco Julianne fue despertando, sintiendo que esa chispa había sido real. Decidida a continuar con esa experiencia, al día siguiente programó su sueño por cuatro horas más, deseando regresar al mismo lugar.

Nuevamente apareció ese hombre en sus sueños, Julianne, se alegró al ver a Luke, esta vez la invitó a dar un paseo por el parque, tomándola del brazo. Conversaron como viejos amigos, observando la brisa de los árboles, Luke la miró fijamente:

-        Me caes bien, siento que eres diferente al resto.

-        En realidad soy diferente.

Al momento de despedirse, él acomodó con sutileza un mechón de su cabello que tapaba sus ojos claros. En ese instante ella sintió una fuerte conexión, fue mutuo y a su vez mágico e inquietante. Se besaron; él la sostuvo por la cintura y ella enredada a su cuello, acariciaba los hilos de su ansiedad. Eran dos corazones que estallaban en huracanes de pasión. Al encontrar sus miradas bailaban al mismo acorde de la pasión, sonrieron acudiendo a lo más cercano, el césped.

Al pasar el tiempo, los viajes a la otra dimensión se hicieron costumbre, la confianza se hizo más estrecha, acompañado de palabras dulces, graciosas y sonoras carcajadas del cual sin darse cuenta encendió el chispazo del amor. Luke, disfrutaba verla hablar, y a Julianne, le encantaba verlo sonreír. El amaba rozar su dedo por su cintura, inhalar el aroma tibio de su espalda, acariciar lo dulce de su mirada y esas pecas que adornan sus pechos como galaxias. Mientras que ella seducida por sus tiernos encantos, regalando besos magistrales, esas muestras de cariño recorriendo su pecho, retorciendo su lengua, repasando su muslo, sintiendo con claridad la erección de su hombría. Mordiéndose mutuamente un poco más fuerte, un poco más despacio, amándose con locura hasta llegar el alba.

Uno de los tantos despertares al lado de Luke, ella notó en su rostro una aflicción y una corazonada que pronto acabaría. El interpretó la lectura de su mirada. Tomó un sorbo de aire y le sostuvo la mano.

-        Todo esto es un sueño, somos reales e irreales, estamos lejos y cerca a la vez. – con voz quebrantada -

-        Lo sé, Luke. Sé que lo que estamos viviendo es un sueño, una utopía, pero quiero que sepas que soy feliz, feliz de tenerte aunque sea en mis sueños. – sosteniéndole de ambas manos-

-        Julianne, te amo. Eres lo más hermoso que me ha pasado en estos últimos… - se quedó en silencio -

-        Shhh…la Tierra era mi hogar, la guerra nuclear hizo que muchos de nosotros tomaramos otros rumbos, hasta que llegó la guerra interestelar y nos quedamos más solos, perdidos en el infinito. Llevó perdida en el espacio desde hace cien años y no sé cómo girar mi rumbo, y ahora, míranos acá juntos, eres más que un simple sueño, eres realidad. – soltó una luminosa sonrisa -

-        Vengo del planeta Kepler, es similar a la tierra, salimos a buscar ayuda a la constelación Alpha X, estamos a 1000 años luz de la tierra, soy el capitán de la nave, yo desperté primero para asegurar la seguridad de los tripulantes. Pronto despertarán…

-        Entonces ¿no estás solo?

-        No, en realidad en ese grupo se encuentra, mi… mi esposa. Estoy casado. En una semana despertaran… Quiero que sepas que desde que te conocí he regresado una y mil veces más a verte, no porque me sintiera solo sino porque he amado tu compañía, tus besos y tus caricias, tu amor es un bálsamo para mi alma, he querido decirtelo todo este tiempo pero no sabía como… -fue interrumpido-

-        No, digas nada Luke… ya es la hora de regresar. – se agitó de golpe-

Desilusionada y decepcionada, Julianne decidió no volver a usar la cámara de los sueños. Sin embargo, la soledad y los recuerdos aparecían como flechas, atravesando su corazón con una mezcla de nostalgia, pasión y anhelo, recordándole lo inalcanzable de ese amor soñado. Recordaba sus besos apasionados, las manos temblorosas de Luke buscando la campanilla del placer, sus cuerpos retorciéndose y bailando pegados aquel vals interminable de repetir y repetir…

Abrumada por sus recuerdos y sabiendo que faltaba solo un día para que los tripulantes despertaran de su letargo, dio un brinco y sin dudarlo decidió regresar una vez más a la cámara de los sueños. Sumergida en el sueño, salió a recorrer la cafetería, el parque y los demás lugares donde habían paseado juntos, hasta que lo vio sentado cerca de un río. Corrió hacia él, y cuando Luke volteó, ambos se abrazaron fuertemente.

Julianne, con el corazón acelerado y las emociones a flor de piel, lo miró profundamente a los ojos y sin poder contenerse más, le tomó el rostro entre sus manos y le estampa un profundo beso.

-        Todos los días he venido a buscarte, vida mia, así tenga que recorrer todas las galaxias enteras, siempre te encontraré. Siempre serás tú, mi amor, mi destino. – sentenció Luke –

Juraron buscarse sin importar cuantos años de hibernación tuvieran que pasar. Con el corazón lleno de esperanza, prometieron volverse a encontrar.

De regreso a la vida real, Julianne buscó en el almacén de la nave y encontró las piezas que faltaban para arreglar el control de mando. Le llevó un tiempo poder repararlo y dejarlo operativo, pero finalmente lo logró. Con el control de mando funcionando, pudo analizar sus coordenadas y descubrir que tenía que pasar por la estrella Alpha Centauri para orbitar de regreso a la Tierra eso le marcaría una distancia de cuatro mil trescientos años luz.

Sin embargo, Julianne se dio cuenta de que debido a la velocidad de su nave, había viajado todo este tiempo en el veinte por ciento de la velocidad de la luz por lo que estaba orbitando sin rumbo exacto durante el último siglo.

Finalmente, con el control de mando reparado y las coordenadas fijadas, Julianne se preparó para iniciar su largo viaje de vuelta a casa. La idea de encontrarse con Luke le llenaba de esperanza y anhelo. Aunque sabía que, al viajar a una fracción significativa de la velocidad de la luz, el tiempo que pasaría sería más lento puesto que él se encontraba a mil años de la tierra.

Programó su próximo despertar en cincuenta años, viajando al cuarenta y cinco por ciento de la velocidad de la luz, aferrándose a la esperanza de encontrarse con Luke. Mientras se acomodaba en la cámara de hibernación, una sensación de nostalgia inundó su corazón. Con un último suspiro y susurrando suavemente, manifestó: “Te buscaré, así tenga que pasar mil años recorriendo las galaxias, mi amor”…. Y lentamente se cerró la escotilla, encapsulando su determinación y anhelo en la fría vastedad del espacio.

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