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EL HURTO DE LA BRUJULA

Ella caminaba flotando cual fantasma sin ningún rumbo, en aquel desierto de calle, su alma vagabundeaba, había extraviado la brújula que la llevaría de regreso a casa.
Ahí estaba ella parada en alguna esquina de la acera esperando que alguien la despierte a empujones de su mundo a cual ingresó y no sabe como despertar, resucitar, regresar; ¿por qué?, porque extravió el boleto de regreso a la realidad.
Una voz consume su perturbada conciencia, una idea retumba en su cabeza, con los ojos desorbitados y la mirada pérdida, no se contuvo más, exaltó la mirada le cambio la cara al querer estallar y no poder más, las manos le temblaban  y como un eco regresó a su realidad.
Un timbre cual campanilla de avión despertó sus sentidos, le dio luz verde para pasar, abrió eslásticamente los ojos y vio a su alrededor con pánico la aglomeración de gente y tráfico en el que se encontraba; de un susto salió corriendo de allí sin saber adónde, recorriendo las calles contemplándolas como si por primera vez saliera a la luz, levanto sus manos ante sus ojos y se dio cuenta que no estaba, ¿qué no estaba?, fue la pregunta de su subconsciente, !no está! pronunció sus labios, iré a buscarla; recorriendo calles y avenidas llegó a un lugar misterioso, lleno de árboles, lleno de intriga y por conocer, dando vueltas, buscando adonde sentarse o buscando a quien decirle. Ahí estaba yo sentada pasivamente quizás muy dentro de mi buscaba con quién conversar y ahí estaba ella, apareció una y otra vez dando vueltas sin saber adonde ir con quien ir, se detuvo ante mi mirada, estiró la cara entre mil emociones, sin vacilar tomo asiento muy cerca mio como queriéndome contarme sus grandes proezas, sin presumir le clavé la mirada y noté el brillo de sus ojos, aquel brillo que mas bien daba a notar una pena infinita pero a la vez de grandes osadías guardadas y placenteras.
De tan sólo intercambiar miradas por unos segundos me entró un ligero pavor, en ese momento en que mi piel empieza a sensibilizarse, -quizás lo haya notado- suelta un rictus, y con ellos su mar de lágrimas, la melancolía guardada ya añeja y es la causante que aun no se pueda desprender del aquel cordón que la mantiene viva y muerta a la vez.
No pude concentrarme en lo que me decía, sólo la miré fijamente a los ojos como si su mirada conectara un imán hacia mí; a lo mucho que pude entender es que amaba a un hombre mucho mayor que ella, le doblaba la edad, lo buscaba y controlaba, le ponía advertencias con dominio, hasta llevaba en su cartera dos piedras y un cuchillo en caso de que alguna ave de rapiña quisiera colgarsele del cuello y lo último que me dijo fue; ¡vamos!, mi mirada se desconectó inmediatamente de ella y asenté con la cabeza, no sabia adonde cuernos me llevaría, sólo me deje llevar, a donde llegamos a un viejo hotel, ¡entremos!; dijo ella con tanta felicidad; mientras que en mi ser reflejaba espanto, que tal espanto, miré a mi alrededor y me di cuenta que era la primera vez en mi vida que entraba a uno de esa clase exclusivamente para el ágape corporal, ella ya tenia un cuarto reservado para ambos desde hace cuatro años atrás, yo me dejaba llevar a tientas hasta que entramos; miré a mi alrededor no sé si con fascinación o asombro, al no ver visto nada así, encontré con la mirada una silla de madera algo descuidada, temerosa fui a sentarme en ese momento se escucha de afuera que alguien mueve la perilla de la puerta y era él, de un salto corre tras de él se besan, se pasan las manos en sus cuerpos sin verguenza, en mi delante, en ese momento bajé la mirada, ¡no quiero ver más!, me voy, ella lo empujó hacia un lado, no te vayas quédate aun no has visto nada, aun no te he contado nada, que podía esperar yo de ambos, una vez más me sentí tentada y preferí quedarme sin ver ningún espectáculo sexual, ese fue mi trato de esconderme en el baño, no, no, no; ambos dijeron en unisono; puedes quedarte ahí donde estabas, solté un largo e inquietante suspiro y regresé a mi asiento, mientras que ellos comenzaron entre juegos y caricias su ansiedad carnal, entre movimientos predominantes, adentelladas cinturas, jadeos de auxilio, suspiros y susurros al oído, yo miraba hacia otro lado, trataba de concentrarme en algo pero nada bueno se me venia a la cabeza pero la curiosidad me ganaba y de reojo llegaba a capturar ciertas imágenes sórdidas, que se sentirá me dije, que se sentirá estar entre los brazos de un hombre oliendo su sudor, ambos transpirando al vaivén de la pasión.
Escuché que alguien me dice: vamos; inmediatamente sacudo mi cabeza y me doy cuenta que ya estaban cambiados a punto de salir, rápidamente me levanto y salgo junto con ellos, sintiendo y padeciendo de verguenza ajena, escondiéndome para que nadie me vea que he salido de aquel antro.
El se fue por su rumbo despidiéndose hasta la próxima encantandole el evento y a ella le cambió la cara repentinamente pasó de tristeza a satisfacción. Fuimos a un café, contándome nuevamente con detalles, mientras que yo estaba en otras, navegando entre mares de ilusión, mi mirada extraviada, retraída entre mis viejos recuerdos, -parece que acabó la conversación-, ella se levantó, dejó pagado la mesa, me cogió del mentón y me dio un sutil beso en la mejilla dándome las gracias, porque gracias a mi la encontró, lo que perdió.
Cerré mis ojos y ya me encontraba desorbitada, cual calle fantasma sin saber adonde ir, a quién ver, ahí estaba yo, consumiendome entre mil sensaciones extrañas, a lo lejos de espalda, caminando sin cesar con un pitido retumbando en mi cabeza, algo había extraviado pero no sé que es.  

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