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SR. MICHAEL

La primera vez que conocí a Michael, fue en el aquel restaurante lleno de elegancia con decoración en el techo al estilo barroco, luciendo unas cortinas doradas y aterciopeladas, la iluminación se hacia digna al placer y la nostalgia.
Me encontraba sentada en aquella mesa preparada aun sin servir, haciendo tiempo y tomando un coctel mientras mi invitado llegaba. De pronto un saludo a lo lejos se hace notar era él. Se acercó hacia mi a saludarme y disculpándose por el retraso. Pedimos la carta, algo suave para cenar, en ese instante que Michael estaba al frente mío, mirándome a tientas, presentí que esa noche seria diferente, además él es un famoso escritor, y yo su entrevistadora, lo cierto es que ese cosquilleo lo sentía en el estomago y terminaba por delatarme en mis perturbados ojos. La cena estaba puesta e hice halago de lo bueno que se veía. El me miraba con cierta inquietud, con una sonrisa de lado. Esa noche conversamos mucho. Al terminar la cena, decidimos vernos en otro momento, pero esta vez ya no como su entrevistadora ni el como mi entrevistado.
Estando al frente de mi ordenador, pensaba mucho en él, es como si lo extrañara pero no estaba segura de mis sentimientos, tal vez me cayó muy bien y por esa razón decidí dar el primer paso, lo llamé. Sorpresivamente me contestó y al igual que yo estaba ansioso de verme. Fijamos la hora y el lugar de encuentro. No voy a negar que me emociono, pero a su vez me detenía la razón, si bien es cierto el está casado y con dos hijos pequeños. No le hice caso a la conciencia solo quería conversar con él y verlo. Simples amigos.
Nos encontramos en aquel lindo restaurante con vista al mar. Hacia frío, la neblina se estaba convirtiendo densa y la humedad se hacia notar en los erizantes vellos de la piel. Entramos, pedimos algo de beber y comer. Me comentó de sus nuevos proyectos, una editorial española lo llamó interesado en comprar los derechos de sus libros. Me lo dijo muy emocionado, y yo emocionada le respondí con una cándida sonrisa. Le comenté de mi trabajo, y que por lo pronto no tenía nada en mente, sólo redactar en el diario. Sin mas que decir me hablo de su vida familiar, seguido de eso me pregunta la clásica pregunta de todos, ¿por que tan sola?, no estoy sola le respondí, estoy contigo. Mi respuesta fue erróneamente dicha y disimulé explicándole que estaba en compañía del presente, el se echó a reír, me miró con aquellos ojos cautivadores, no lo niegues, tienes razón estoy contigo. Nos echamos a reír. Fue una buena noche. Enserio que lo fue, su sentido del humor me cautivo aun más. No dejé de pensar en él.
La tercera vez que  nos volvimos a encontrar fue después de varios meses, y fue de pura casualidad en el aeropuerto, lo curioso es que el iba al mismo lugar que yo, la diferencia estaba en que teníamos asientos distintos, pero se las arreglo con mucho ingenio para sentarse al lado mio y no se como.
Viajamos a la medianoche, para llegar al aeropuerto de Miami muy temprano por la mañana. Estando sentada viendo a través de la ventana viendo las luces a lo lejos del resto de los aviones, sorpresivamente llegó a mi asiento con un gracioso saludo y se sentó al lado mio, dando las gracias a mi anterior compañero de asiento, por el cambio. Sonreí y su excusa perfecta fue que se sentía solo sin poder conversar con nadie, no le agrada la gente extraña y sobre todo cuando va tener que dormir en un viaje relativamente largo y sin escalas.
El avión había despegado y, pasada una hora, sentí el sueño venir. La cabecera y la almohada, no ayudaban en nada, me sentía incomoda. Entonces él me sugirió que recostara la cabeza sobre su hombro. En ese instante una mezcla de miedo y duda me atravesó. Pero su mirada me transmitió una calma inesperada, lo que hizo entrara en confianza. Aun así al apoyar mi cabeza en su hombro la incomodidad persistió. Hice un gesto de disconformidad, y él, sin decir palabra, insistió con una sonrisa tranquila. Levanté la codera del asiento, me acomodé de nuevo hasta quedar enredada por su cintura. Envuelta en una cercanía que empezaba a sentirse peligrosa, y al mismo tiempo, extrañamente segura.
El sueño empezó a vencerme y, justo antes de cerrar los ojos, sentí que su cuerpo comenzó a temblar; era como si, de pronto, una corriente de emoción le hubiera recorrido las venas, estremeciéndolo por completo.
Al llegar al aeropuerto nos despedimos con rumbos distintos, pero le di la dirección del hotel donde estaría alojada por tres días. El anotó la dirección en su celular, y con una mirada tan cómplice como la mía, se despidió de mi con un dulce beso en la mejilla. Me quede de una pieza y una suspirante esperanza se sembró en mi.
Al día siguiente va a buscarme al hotel, fuimos al bar, conversamos y reímos un poco, le conté de mis trastornados noviazgos y que en realidad no fueron exitosos, de un momento a otro me entró una acalorada nostalgia, y me acordé de un antiguo amor que por cosas de la vida se alejó de mi repentinamente y nunca supe el por qué. Se me salieron un par de lágrimas y bebí un sorbo de ese buen trago que me hace olvidar las penas. No pude más, mientras él me mirada y me daba consejos. Yo caí muerta de amor, me recosté en su regazo y éste me abrazó, consolándome dando apoyo moral, de pronto me toma de los brazos, levanto la mirada para abrazarlo y en ese momento nos besamos, fue una locura, pero era lo que necesitaba justo en esos momentos, era sentirme nuevamente amada, querida, mujer. Nos disculpamos mutuamente pero ya nos dijimos todo con el inmenso beso que nos dimos. Nos gustábamos.
De regreso a casa, el me iba a buscar a la hora de salida del trabajo, me esperaba en aquel parque a unas cuadras del edificio. Ahí estaba él, estacionado en su carro ultimo modelo color gris oscuro, con lunas polarizadas. Encendía y apagaba las luces en señal que ahí estaba el escondido entre todos los autos. Estando en el auto, conversábamos un poco, nos echábamos a reír, me contaba sus proyectos y las próximas entrevistas que tendría. Casi siempre era así, hasta que un día de esos, terminamos haciendo el amor en la parte de atrás del auto, sin mas reparo en la vía publica, en aquel parque, a escondidas detrás de unas lunas polarizadas y nada mas.
Sabia perfectamente que el estaba casado, tenia una familia, lo sabia perfectamente, pero no quería ser la amante, mucho menos quitarle a la familia, solo quería sentirme mujer, y con el era diferente, no existía el control, la autoridad, ni mucho menos el reclamo, solo existía las risas, la buena conversa y el buen amor que nos teníamos a escondidas. Sólo eso, así lo decidimos.
Nuestro deseo fue a su máximo esplendor, y estando en el auto empezaba con una sutil caricia y terminábamos desvistiéndonos mutuamente, no las arreglábamos perfectamente para calzar bien uno encima del otro. No nos importaba si la gente pudiera vernos, nuestro lugar de amor cambiaba siempre, apuntábamos a un lugar tranquilo donde no se transite mucha gente, tal vez un parque, una cancha de fútbol, una zona residencial, un estacionamiento, lugares así, sin mucha gente y poca luz.
Nuestro afecto se iba incrementando por lo que sentí miedo, miedo de enamorarme aunque varias veces conversábamos de ello, sentía miedo que pasara lo peor. No quería que dejara a su esposa e hijos por mi, aunque el me juro que eso jamás pasaría.
Una noche, me llama quería venir a mi departamento ya que tiempo que no nos veíamos por mi bendito trabajo y sus viajes. Conversamos largo y tendido, gustosa de verlo nuevamente, y sin reparo nos retorcimos en el sofá, amándonos una vez mas, incesantemente e incansablemente tuvimos varias rondas de amor. El se sentía a gusto conmigo y lamentaba no haberme conocido con tiempo. Y yo por mi parte hubiese querido que el fuera el hombre de mi vida y a la vez no.
Después de aquel fortuito encuentro, decidí ya no responderle mas los mensajes, ni llamarlo, ni mucho menos darle esperanzas, quería que el se olvidara de mi como yo de el. Me entro ese sentimiento de culpa, no quería que su esposa me descubriera, ni que tampoco hiciera un escándalo en vano, o que se divorciara y que los hijos se distanciaran de su padre, no, no lo quería aunque el me dijera lo contrario. Tome una decisión y fue alejarme de el. Eso hice, aunque me resultara doloroso, en el fondo lo extrañaba terriblemente. Muy en el fondo me enamoré de él.
Hace poco recibí una llamada de él, decidí responderle por muchas razones pero la razón superior fue para oír su voz nuevamente. Me preguntó como estaba, donde estaba, porque ese distanciamiento, le explique mis motivos y el me respondió lo mismo de siempre, que eso no pasaría, luego de contarme de su nueva publicación literaria, al final me dijo con un tono sincero y abierto:"Te extraño tanto", titubeé y con la mente nula le colgué la llamada, apague el celular y consigo se me vinieron los buenos recuerdos que la pasé a su lado.
Han pasado meses que no se de él, de vez en cuando me escribe un correo electrónico, pero no le respondo, a veces lo veo en los diarios, o algunas revistas, no tengo coraje para verle la cara. Solo quiero verlo como el primer día que lo entrevisté en el restaurante, como el Sr. Michael y nada más.












Comentarios

  1. Es una historia llena de intensidad... Buenisimo blog Jill Rosas!!!.... Ofis Maribel

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