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PRINCESA DIANA

Vi sus fotos en su perfil, no pude verle bien, tuve una pequeña corazonada de que ella era. Sí, era ella, no tenía ninguna duda, pero mi mente me frenó una vez más, por lo que no sabía como escribirle y presentarme oportunamente.

Diana, se encontraba enamorada, muy enamorada, era una mujer atractiva, cautivadora y de mirada fulminante, de sentimientos nobles, tímidos y sinceros. Se enamoró del hombre equivocado sabiéndolo, aun así decidió arriesgar y darle la vuelta a sus sentimientos. 
Ella, era profesora y enseñaba literatura en un colegio mixto. La veces que tenia libre, Luciano, iba por ella a recogerla. Ambos eran cómplices de un gran amor en secreto. Ambos lo sabían, ellos se conocían a la perfección.

Estando una vez más al frente de la pantalla de mi ordenador, revisé mis mensajes, vi uno de ella. Sí, de ella, y me parecía tan increíble como cierto, me leyó la mente. Fue ella quien tomó el primer pasó de escribirme y presentarse, como también me pareció extraño. Gesticulé en breve y decidí saberlo todo.

Diana y Luciano, después de casi estar un año juntos manteniendo su relación en secreto, por mutuo acuerdo decidieron terminar. Faltaban una semana para que Natalia llegará de California. Todo este tiempo en que Luciano y Natalia estuvieron separados una temporada no significaba que su relación se había acabado. Sin embargo, él sentía amor por Diana, había visto que ella era la mujer que buscaba, mientras que Natalia, sólo era lo contrario, la veía aburrida, engreída e insegura. Cuando llegó el momento en que ambos se tuvieron que ver, su recibimiento no fue exclusivo, ni mucho menos dichoso, ambos lo notaron y aunque Luciano quiso disimularlo con signos de resfriado, ella intuyó que algo raro estaba pasando.

Y después de muchos días conversando con ella, decidimos agregarnos a nuestras cuentas de correo, para ser sincera, Diana me iba agradando más y creo que algo se encendió en nosotras, una especie de alianza, o probablemente porque ambas tuvimos ese algo en común, él. 

Luciano, estaba harto de Natalia, buscaba la idea y excusa perfecta para contarlo todo, o tal vez para terminar de una buena vez, pero no sabía como. Él, siempre acababa terminando de llamar a Diana, preguntándole como estaba, quería salir con ella como hace unas semanas atrás, quería besarla, tomarle por el cuello y arrastrarla a sus empedernidos besos. Finalmente, ambos terminaban juntos, conversando del uno al otro, riendo y besándose en el asiento de su auto. 
Diana, era muy consciente de sus actos, y lo último era lo que menos quería, pero le tenía mucho amor y cariño a Luciano. Si, seguía viéndolo, sus emociones se vendrían abajo. Dejó de enseñar en la escuela y se me mudó al trópico, consiguió un nuevo trabajó y decidió quedarse hasta cuando durase.

Conversábamos mucho y nos contábamos ciertas cosas que no sabíamos de él. Era interesante que dos mujeres se conectaran y pudieran hablar del mismo hombre de quien en algún momento besaron. Fue la primera vez que nos pasaba esto, así que decidimos afianzar nuestras amistad. Propusimos conocernos en persona en algún momento, pero cada vez que se daba la oportunidad ella declinaba. 

Luciano, viajó hasta el trópico y decidió verla, llevaba un regalo consigo, no, no era un regalo, era más que eso. Diana, decidió enfrentarlo cara a cara, decirle el por qué de su alejamiento y las razones obvias, mientras que ambos discutían, él, le confiesa su rompimiento con Natalia, ella terminó por enterarse de la verdad. Ya no sentía amor, ni lástima en dejarla, por qué en verdad las veces que él se calló fue por eso mismo. Amaba a Diana, todo este tiempo que estuvieron distanciados, le llevó a pensar no sólo en él, sino también en formar una familia, en tener una verdadera esposa amante y dedicada. Sacó el paquetito que llevaba consigo en su bolsillo de su casaca, lo abrió y se lo manifestó en los amplios ojos de ella. Al principio Diana, estuvo sin palabras, y como una pizca de electricidad por su cuerpo, reaccionó negándose a no aceptar tal proposición. Luciano, terminó por aceptar su decisión, y decidió obsequiarle el anillo. Ambos se dijeron mucho al darse la espalda mutuamente.

Diana, vino a visitarme a la ciudad, acompañada de su esposo francés, llevaba cinco meses de embarazo y aunque su barriga se notaba aun pequeña, ella se sentía gustosa de haber venido desde la capital, solo a verme y conocernos. Su esposo el francés, me obsequiaron unos deliciosos pastelillos, sonríe para ellos sin esperar nada a cambio. En verdad, verlos a ellos juntos, era como ver a dos personas adultas, buscando adonde volar juntos. Les agradecí por la visita y el obsequio, esperaba verlos en algún momento.

A Luciano le llevó un tiempo en encontrar el amor, tenía sus dudas, pero no dejó de intentar, hasta que finalmente encontró, se enamoró, se casó y tiene un hijo. Mientras que Diana, ganó una beca para irse a estudiar a París, quería estar al lado de su esposo, querían amarse como la primera vez que se vieron. En París, nació su segunda hija. Su esposo, le propuso visitar al resto de su familia que radicaba en Marruecos, viajaron con los niños, sin pensar lo peor.

En mi breve paso por la capital, la encuentro a Diana, en el mismo paradero que yo tomaría el bus de regreso a casa. Nos saludamos, me preguntó sobre mi carrera y estudios, apuntó mis datos telefónicos en una hoja y me propuso que la visitara a su departamento para que así conozca a su bebe. Desde esa fecha, ya no la volví a ver, no supe más de ella, tampoco me tomé el tiempo en preguntarle su numero telefónico.
Hasta que hace una semanas atrás, Diana se me clava en mis pensamientos, y pensé en qué sería de la vida de ella. Recordé del obsequio de los pasteles y la última vez que nos vimos en el paradero, quería saber de ella, sin saber la noticia días después.

Luciano, me deja un mensaje en mi bandeja. Le decido responder sin mucho animo. él, sabía que Diana y yo nos hicimos amigas, después de conocer toda la verdad. Aun así los tres seguíamos siendo amigos a distancia. Luciano, me responde de inmediato y me hace hincapié de Diana, en ese momento me acordé de que hace un par de días atrás pensé en ella, como era la fuerza mental que sin querer la mencionó. -Ella sufrió un accidente en Marruecos hace tres días y falleció, su esposo está en estado de coma, sus hijos se salvaron por fortuna-, quedé perpleja, sin poder asimilar lo que me escribía, y hace un par de días qué pensé en ella, y ahora esto, como pudo ser posible. Ambos estuvimos consternados.
Esa noche procuré pensar en ella y recordar el llamado a la mente de su presencia, tal vez ella se despidió de mi a través en mis pensamientos, o tal vez fue una casualidad. Han pasado años que nos conocimos, hace dos años que la vi en el paradero del bus y tomó mis datos y no supe más de ella. No tengo cabeza para seguir pensando más. Sólo para decirle donde quiera que esté, siempre la recordaré, por su belleza, sus cándidas sonrisas y por lo bien que le quedaba su cabello largo y suelto, digna de una princesa. La princesa Diana.  


   

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