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ROSA BLANCA


Hoy quiero despedirme de corazón de aquellas personas que partieron a otro mundo mejor, donde el descanso eterno predomina, y solo el recuerdo y la dicha queda guardado en aquellas memorias que jamás se olvidan.

Lo más reciente e impactante a quien vi partir, fue a una reciente amiga, a quien conocí en el dos mil diez. Ella al igual que yo nos conocimos en las preparatorias de Eje, se veía una chica entusiasta, siempre alegre, creo que le robe una foto también. En fin, de ahí la habré visto un par de veces por calle o alguna fiesta de algún amigo, pero siempre, siempre, la veía en el Facebook, subiendo fotos de ella con su hijita. Me parecía buena chica y madre a la vez.
El domingo pasado, entró a la red, y me doy con la mala noticia de su perdida, espié su perfil, y no lo podía creer, mucha gente al igual que yo estaba consternada enviando mensajes de oración. Noté que la ultima publicación que hizo fue que el sábado se encontraba con su amigos en un bar, comiendo y tomando algo, fue lo ultimo. Cuando me di de valor de preguntar a un amigo lo que había pasado, este me dijo que fue un ataque de asma. Entonces si fuera así, sentí más pena todavía.
El día lunes por la tarde, fui a despedirme de ella. Al verla no la pude reconocer, y una amable mujer, me dijo que es mejor que la recordemos como era. Sabias palabras. Me retiré sin más. Oré por ella. Por su alma y sobre todo que donde quiera que este protegiera y cuidara a su pequeña niña, quien por hoy es huertana de madre.
La vida es increíblemente corta, tan corta que uno no sabe lo que te deparara el futuro o sencillamente saliendo de tu casa.
A su vez, le rindo un homenaje, a mi abuelo que también falleció inesperadamente, pero entre todas las mil formas de morir, esta fue silenciosa y calmada, sin agonía ni miedos, bella forma de estar rápidamente en los cielos.
A mi tía abuela, a quien no la veía muchos años, a pesar que vivimos en la misma ciudad, un día cualquiera me dio ganas de verla, y ese día conversamos mucho, me habló de su niñez, adolescencia, sus hijos, sus nietos, y bisnietos. Longeva ella, con una excelente memoria recordaba lo más recóndito de su vida, fue maravillosa haber conversado con ella y haciendo planes para volver nuevamente. Dos semanas después cayó enferma, fue demasiado tarde. Tenía un rumbo diferente. Entonces tal vez en algún momento de mi vida me volveré a reencontrar con ella.
La vida es así, y es como así debemos aceptarla. He leído libros, no acerca de la muerte, sino acerca de la vida de Jesús, el libro menciona que estamos vivos por algo, cumpliendo una misión, luego pasamos al descanso eterno, por el cual sería una especie de vida espiritual donde reinará en todo su esplendor.
Vivir mejor, encontrar nuestra misión de vida, y disfrutar hasta donde podamos, haciendo el bien, sin dañar a nadie, es más que suficiente para cubrir nuestra verdadera paz
espiritual y morir en paz.


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