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DIA DE MI CUMPLEAÑOS


Hace dos años atrás que no viajo a ninguna parte, y decidí meses atrás que el día de mi cumpleaños la pasaría subiendo la montaña del Waynapicchu y conociendo el Machupicchu, me lo imaginaba y siempre imaginé que sería sencillo estar allá, por supuesto que lo tenía claro que subiendo el Waynapicchu requería de un buen físico, así que me preparé menos de tres semanas. Duré lo que tuve que durar porque mis ejercicios los estaba haciendo mal. Por ende tiré la toalla y me preparé mentalmente que lo que tenga que pasar allá, pasará. Obviamente fui preparada en caso de lesiones, desgarro muscular, falta de aire, otros dolores, etc.
Mi pesadilla comenzó dos días antes de mi cumpleaños, estando en Cusco, fui a comprar los boletos para el tren, en la estación ya no habían más boletos hasta el día veinticinco, mi cuerpo se descompuso sin perder la esperanza, y decidí seguir averiguando en las agencias de viajes, estas me proponían llevarme y dejarme cual paquete de encomienda en un kilometro tal. No, no, no era posible que me pasara esto a mí, es entonces donde me interrogué por qué rayos no hice la reserva del tren con anticipación, qué pasó, paso que cuando quería comprar los boletos de tren no me dieron respuesta y me estaban ofreciendo los vagones más caros y exorbitantes que había visto. Mi economía no estaba para despilfarrar dinero en un viaje de hora y media. Efectivamente era un abuso.
Decidí buscar otras opciones, tal vez cambiar la fecha de mi llegada Machupicchu, probablemente para el veinticinco, me acerqué al ministerio de la cultura, y un señor amable de atención al cliente me dijo que iba a pagar más dinero por el cambio de fecha, así que lo mejor era que me vaya mañana mismo por mi cuenta y tomará el tren como sea, de todas formas subiría.
Al día siguiente ya estaba abordando un colectivo con destino a Ollaytantambo, y después de una hora y media de viaje, tomando fotos por el camino, visualizar tantos nevados como pude, llegué a mi destino sin poder disfrutar puesto que tuve una finalidad abordar el tren como sea. Me asomé a la boleteria del tren y la cajera me mencionó que no podía venderme un boleto de tren puesto que no soy nativa de la zona y que si quería comprar, tendría que ser en vagones preferenciales, o sea lo mismo que nada. Y ahora ¡qué hago!. Un señor que llevaba gente en un colectivo me comentó que podía hacerme el favor de llevarme al kilometro donde todos ya me habían comentado en un principio y dejarme allí solo por 50 soles y me aseguraba que allí paraba el tren como sea. Mis esperanzas estaban casi nulas, y decidí abordar en su vehículo, el hombre se fue a conseguir más gente y me quedé sola, cuando en eso escucho a una señora ambulante que les decía a otras personas "si no tienen boletos igual formen su cola, subirán al tren". Al escuchar eso, me asombré y bajé a tropezones del vehículo, corrí como sea y me acerqué a la puerta de embarque del tren y un señor barbudo con su canasta de pan, levanta la mano haciendo atención a los pasajeros para que hagan su fila, le pregunto si también puedo subir sin tener boleto, y este me confirma que sí,  pronto abordarán. Eso hice, mi cola. De pronto llegó un señor a vendernos boletos y toda mi ilusión se esbozó en una sonrisa.
No pensé quedarme a dormir en Aguas Calientes, no. Bajando del tren unos jóvenes me ofrecen hospedaje a un precio insuperable, pues decidí aventurarme y preguntar a los hospedajes el precio por noche, del cual superaba mi presupuesto y definitivamente me quedé con la primera oferta de los jóvenes. Una habitación decente, un buen baño, cable, internet que más podría pedir.
Al día siguiente mi plan casi, estaba saliendo de maravillas, hasta cuando llegué a la boleteria de los buses de los cuales trasladan hasta Machuppicchu, cobrabran $ 8.00 ida, si quería regresar $ 8.00 más. El problema que yo llevé efectivo pensando que costaría menos de lo imaginado. Mi otro problema era que no aceptaban tarjeta Visa, y felizmente llevé conmigo la American Express del cual me cobraron una comisión, que desalentaba mis ánimos y la interrogante por qué no saqué más dinero del banco. En resumen caro.
Llegué hasta Machupicchu, casi ni disfruté de las ruinas por apurarme y ahorrar energía en subir el Waynapicchu. Subí el Waynapicchu y definitivamente mis tres semanas de ejercicios no era suficiente para lo que increiblemente subí. A dios gracias no tuve ningún calambre, torcedura, etc, pero al descender de la montaña, las piernas me bailaban. El paisaje maravilloso, de ensueño, siempre me imagine estar allá en algún momento de mi vida, jamás pensé en subir el Waynapicchu, para mi fue un desafío y reto, me siento orgullosa de mi misma.
Llegó el momento de regresarnos a Ollaytantambo, salí temprano de Machuppichu al promediar las 2:30pm para poder tomar el tren temprano de regreso, pero fue en vano. No, nos querían vender boletos y hemos salido de Aguas Calientes cerca de las 10:00pm y he llegado a Ollaytantambo a las 11:30pm y para colmo fui parada. Enserio esa parte no estaba dentro mis sueños, y deseos, peor aún cuando las piernas las tienes destrozadas por haber caminado tanto. Nadie se puso la mano al pecho, pensando en esta pobre mortal que justo ese día cumple años, y tuvo un lindo deseo de subir el Waynapicchu y del cual las piernas las tiene destruidas. Nadie, porque nadie sabía, porque todos somos indiferentes hacia los demás. Pero quien va hacer adivino, ¿no?, solo pensaba para mis adentros. 
Eso es lo que no saben de mi gran experiencia. Entonces pensé que a la próxima vez que decida regresar, tendré que pagar si o si los vagón con vista panorámica así cueste $200 pero los pagaré.
Sin duda, ¡Lo que callamos los viajeros!...

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