Ir al contenido principal

LA SEMILLA QUE NO FLORECIÓ

Antes de proceder a intervenirme, le pide un día antes a Dios que cuidara de este pequeño y sin conocerlo lo quise y lo deseé tanto, fue un puñalada al corazón un mar de preguntas sin respuestas, tal vez una señal o porque quiso enseñarme más acerca de la vida, no hice otra cosa que despedirme y agradecer por el poco tiempo de sentir la sensación flotante de gestar, "Dios bendito te lo entrego en tus manos", mentalizandome que pronto gozará de paz y bendición.
Cuando tenía doce años, iba jugar siempre la vuelta de mi casa, allí me hice amiga de una niña de ocho años de edad. Ella me llevó a su casa, me presentó a su mamá, aquella mujer se veía joven aún. Me dijo que siempre se soñaba con una rosa blanca y lo relacionó con la perdida de un segundo embarazo por cuestiones naturales, siempre soñaba con tener a su bebé entre sus brazos, supo que sería una niña y la llamaría; Blanquita. Fue frustrante para ella y quedó muy afectada por la perdida de su bebé. Mientras yo aun tan jovencita e inmadura la escuchaba con atención, pero no podía imaginarme tamaña emoción.
Mi abuela siempre me decía que ella había perdido dos niños, cada uno en diferente año y edad. A uno lo perdió cuando el niño tenía un año y medio y el otro dos años, ambos por causas naturales problema bronquial. Y teniendo yo aun cinco años de edad, no comprendí el mensaje en su totalidad. supuse que era para que me pusiera las medias y no caminara descalza. Sin importar la razón, no entendí hasta no hace poco el gran dolor que mi abuela había pasado. Mi mamá me contó después de muchos años que cuando sus hermanos fallecieron, vio a su mamá llorar con desconsuelo.
Al ver mi resultado de embarazo como positivo, esbocé una sonrisa de felicidad y demás sentimientos encontrados del cual compartí mi felicidad con un par de amigas. Sin embargo teniendo cerca de cinco semanas, me entero la peor desgracia que fue témpanos de hielo a mi alma. Por qué yo, fui la elegida como tantas mujeres, pero por qué exclusivamente yo, me pregunté y con ello llegaron los miedos, relacionando una cosa con otra, por qué. Tantas mujeres perversas que no les interesa si engendran un hijo, tantas mujeres que maltratan con gritos y golpes a sus hijos se embarazan sin ningún problema, paren tranquilamente, y hay otras peor aún que terminan drogándose o prostituyendose y yo que he tenido una vida tranquila a mi me toca esto, que tal injusticia divina.
Me ahorraré los detalles de tal sufrimiento físico. Sin embargo lo emocional queda. La pequeña semilla no pudo florecer más porque no estaba instalada de la manera adecuada. Era un embarazo ectopico, un embarazo frustrado que no podía crecer más porque así la ciencia lo determina y porque así debe de ser y entre la razón y los sentimientos, gana la razón. Cuando comprendí con exactitud de lo que estaba pasando para poder tomar una decisión comencé a recordar todas aquellas historias mencionadas y entre otras y por fin entendí el sufrimiento maternal. Entendí que no importaba si era embrión, feto o un bebe, importaba que tenía vida. Los latidos de su corazón eran perfectos y a pesar que no estuviera fecundado dentro de la cavidad uterina, quiso aferrarse a la vida con uñas y dientes. Nadie podía entender como me sentía por dentro simulando serenidad ante un cataclismo. Oré mucho por el o ella y por mi. Sentí que no estaba sola y que las almas benditas me protegieron y cuidaron todo este tiempo que estuve convaleciente. Hagamoslo, le dije al doctor. Decidida y tranquila. 
Imaginaba que podría ser niña o niño, que si fuera niño tenía un nombre escogido por su padre y si era niña sería escogido por mi, pero aun estaba por buscar. Imaginábamos muchas cosas y vivencias a su lado. Una ilusión que quedará en el recuerdo y una esperanza que se mantendrá aun vida.




Comentarios

Entradas populares de este blog

DONDE QUIERAS QUE ESTES

Querido Erick: Desde que tengo uso de razón, estás en mis recuerdos más vivos. Siempre fuiste un niño travieso, juguetón, creativo. Te inventabas tus propios juegos, jugabas a ser cura con tu biblia en mano, o bailabas sobre la cama con la energía y carisma de quien se sabe único. A veces te veía de lejos, calladamente, como si algo dentro de mí supiera que tú eras diferente, especial, sensible... más de lo que el mundo supo entender. Fuiste respondón, sí, pero también solidario: ayudabas a tu mamá Elva a calificar los exámenes, compartías tu risa, tus canciones, tus novelas mexicanas y tu amor por la música hindú. Tu alegría era particular, inimitable. Te veía crecer, cambiar, intentar encontrar un lugar en un mundo que muchas veces no tuvo la delicadeza para acogerte como merecías. Trabajaste, estudiaste, pero algo en el fondo parecía no llenarte del todo. Y aunque no lo supe entonces, hoy entiendo que dentro de ti había heridas que nadie alcanzó a ver, que quizás tú mismo no sabí...

LO QUE PASÓ

Aquella vez que me invitaste a almorzar, pocos días antes de mi cumpleaños, me pareció extraño, la invitación, y consigo el atrevimiento de tomar una foto nuestra y la publicaste en tus estados de WhatsApp. Recuerdo haber pensado: qué raro . ¿Qué intención tiene este  hombre que hace público algo que nunca ha definido en privado? Pasaron algunas semanas y un mensaje de voz llegó a mí desde un pariente cercano. Me contó una conversación que había tenido contigo, donde hablabas de planes conmigo, de un futuro posible. Aquello me resultó aún más desconcertante. Un hombre que quiere a una mujer no habla de ella como rumor; la mira de frente y se hace cargo. Eso, lejos de acercarme, me puso en alerta. Decidí observar. Tiempo después me escribiste por WhatsApp diciendo que teníamos planes, que viajaríamos, que conoceríamos algunos lugares juntos. Y nuevamente mi fino sentido, me decía: ¿Por qué tanta atención hacia mi? no voy a negar que la idea me ilusionó. Pensé —ingenuamente— que ...

LOS HOMBRES DE HOY: SU FALTA DE ENTREGA Y COMPROMISO

Hay una realidad que muchas mujeres comenzamos a ver con más claridad, especialmente después de la pandemia: algo ha cambiado profundamente en la manera en que muchos hombres se relacionan. Lo he vivido en carne propia, y hoy quiero reflexionar sobre ello. Antes de ser madre, antes del caos mundial que nos desubicó a todos, mis experiencias eran distintas. Salía con hombres que eran caballerosos, atentos, presentes. Me invitaban a salir, a comer, a conversar. Jamás me dijeron vamos 50/50. Nunca me pidieron fotos sugestivas, ni hubo exigencias sexuales. Había un respeto tácito. Había, al menos, un intento de cortejo.  Pero ahora, luego de cerrar definitivamente una relación intensa y dolorosa, decidí abrirme al mundo digital, no para encontrar el amor a ciegas, sino para entender e investigar, por mi misma: ¿qué está pasando con los vínculos?  ¿Qué se esconde detrás de tanto filtro y ego inflado?, ¿Qué se esconde detrás de una máscara? Y lo descubrí. Conocí a varios hombres...