Después del viaje, cada uno tomó un taxi y regresó a su propio mundo. La despedida fue breve. Sin escenas de película. Pero mientras avanzaba hacia casa, no pude evitar preguntarme qué habría pasado si las cosas hubieran sido distintas. ¿Qué habría ocurrido si el vuelo no se hubiera cancelado? ¿Qué habría pasado si nos hubiéramos quedado juntos en aquel departamento alquilado? La pregunta me acompañó durante días. Aparecía mientras trabajaba, mientras tomaba un café, mientras intentaba convencerme de que todo aquello no tenía importancia. Pero la tenía. Porque por primera vez en mucho tiempo no me encontraba pensando en alguien como un ser extraño, sino a alguien quien ya conocía. Y eso era diferente, muy diferente... había un gusto, una atracción, la cita a ciegas pasó a ser algo real. Finalmente decidí escribirle. No para alimentar una ilusión. Necesitaba saber si aquello que había sentido existía también para él. Le envié un mensaje. Le conté que la semana siguiente volverí...