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ANALIA

Suelta y libre, camina ligera, sin vacilaciones, regala una sonrisa al aire con algunos aires de frivolidad y superioridad generosa. Siempre prudente en el hablar e imprudente después de algunas copas de vino o cerveza.
No le gusta maquillarse, le gusta ser natural, expresarse así tal cual es. Porque encuentra que esa es la verdadera belleza de la vida. Es una mujer de armas de tomar, decida y tajante, sin escrúpulos, sin tabúes.
Enamoradísima de la libertad, le fascina su cabello largo, desenredado, suelto, que el viento haga su cometido. Que se enamoren del largo de su cabello, de lo lindo y frondoso que es.
Apasionada, cae rendida con un beso, lleva guardado uno de los mejores besos de su vida, a quien se los regalo a su primer enamorado, con quien aprendió el verbo amar.
Lo llevó guardado en su corazón por un buen tiempo hasta que un día se dio cuenta que el le fue infiel. Es ahí donde aprendió otra lección mas de la vida loca. Otra palabra para su diccionario, alejarse.
Estando en la universidad, conoció gente de toda clase de nivel social. Se convirtió en un eje ante cualquier grupo de amigos, era llamada y ubicada. Tenía mas de uno esperando en aquella banca del tontodromo de la universidad. Ellos la admiraban por su larga caballera y aquellos ojasos penetrantes pero atractivos ante todos, nadie se resistía ante sus encantos. Analia tenia el poder de convencer con la sonrisa picara, los ojasos vivases, sabia como hacerla.
Se enamoró de mas de uno, y tuvo relaciones largas así como encuentros fortuitos de un beso en aquella fiesta con margaritas y tequila.
Sus veranos fueron prósperos, como todos los años y como cada fin de semana por la noche armaba su mochila, llevaba lo necesario como para tres días inolvidables. Porque así era. Sus veranos y todos sus veranos fueron inolvidables cada uno con un capitulo distinto. Sobrepasaba las leyes y mandatos de su madre. Era una figura pintada cual retrato. No decía nada, ni pretendía pedir permiso, simplemente salia y regresaba después de tres días, roja por el aquel sol intenso.
La esperaban en aquel cafetín de siempre, cerca de la universidad. Allí la recogían sus entrañables amigos, se iban con destino al sur, se instalaban en la casa de playa de ese buen amigo que parece un rastra con el cabello enredado y algo largo.
Llevaban guarniciones de comida y trago como para una semana. Los veranos fueron intensos, así como el los besos locos que tuvo con aquel amigo y con el tiempo llegó a ser su enamorado. Los bailes desenfrenados y aquellas indirectas con sus amigas de besarse mas de una vez en vista y presencia de sus amigos hombres. Porque así eran ellas y Analia, disfrutaban de la vida y la vida solo se vive una sola vez en la vida, era su lema que la alimentaba día tras día.
Terminando el verano, todos los chicos incluyendo los nuevos alumnos de la universidad se enteraron de aquella loca fiesta se armaba en el sur. Ya se habían enteraron su escondite. Todos lo vocifereaban, se hicieron populares por eso.
Analia por su parte alcanzo ser parte de un miembro de la universidad del grupo estudiantil. Su liderazgo innato le hacia ser mas atractiva ante los ojos de los demás. Hombres y mujeres la llamaban solo para tomar un café o caminar en el parque de la universidad.
Los años le hicieron sensata, pero a su vez le enseñó a disfrutar del día a día. Loca y desenfrenada cuando se juntaba con sus amigos, diplomática e inteligente cuando se reunía con gente importante. Porque llegó a ser parte del equipo de las Naciones Unidas.
Una vez mas se enamoró del quien anteriormente fue su profesor en la universidad. Ahora aquel profesor era ministro, el un tipo solitario, inteligente, con buenos temas al conversar. Ella una buena oyente, enamorada de los buenos temas de conversión. Una vez más inquietó con sus tremendos ojasos al quien fue su profesor y ahora ministro. Salían a escondidas, porque no querían que se rumorease en la prensa o algún canal de espectáculos. Llevaban su vida muy libre pero muy cercana a la vez.
Un día de esos, se fue a la playa sola, conversó con el viento. Había hecho un recorrido mental de todas sus actividades y hasta adonde había llegado. A Analia le encantaba estar así como está, sentirse libre, sin preocupaciones, salir los fines de semana con sus entrañables amigos de la universidad, salir y con aquel ministro que lo atraía y se veían a escondidas, donde se citaban en aquel bar del hotel de cinco estrellas tan solo para conversar y la dejaba en la puerta de su departamento donde se despedían con un profundo beso.
Mientras que el viento le respondía a través de la soltura de sus cabellos, ella se sentía tan feliz de estar donde esta, sin arrepentirse de nada. Suelta y libre como el viento.    

Comentarios

  1. En su pto. Me encanto, recien lo lei hoy dia

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  2. Gracias!....espero que sigas leyendo y siguiendome en el resto de los posts!....:)

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