Ir al contenido principal

CONTANDO UNA HISTORIA


Mamá dijo que cuando yo crezca seré grande siempre y cuando terminé de comer las yemas de huevo, cosa que a mi no me gustan, lo miro una y otra vez, y ahí están, me rehuso a ingerir una cucharada de estas, no me gusta las yemas de huevo. A mamá se le ve paciente, viene hacia mi y retira el plato. Ya puedo bajarme del banco donde estuve sentada cerca de una hora, para mi es todo un sacrificio, no sé si mamá es mala conmigo o poco generosa, siempre me alimenta con lo menos que me apetece comer. 
Mi abuela dice que no tiene a nadie quien la acompañe al mercado, pues yo me ofrezco como voluntaria. Ella, sonríe jubilosa y acepta mi propuesta. Ambas nos divertimos haciendo las compras, tanto ella como yo. No solo mi abuela toca y tantea la fruta o los cereales, sino que también como su fiel ayudante, también hago muestra de mis habilidades, toco el arroz suelto una y otra vez, se ve muy divertido y acerco mi otra mano y hago de esta un embudo para que se pase el arroz. La señora que vende, se da cuenta, y le da aviso a mi abuela para que no juegue con el arroz, por supuesto mi abuela por lo buena que es, me señala con su dedo, que eso no se hace, e inmediatamente dejo de hacerlo.
Hemos llegada a casa, recargadas, hemos comprado dos manos de plátano de seda, porque a mi me encantan los plátanos, así es, me los como uno tras otro. Mi mamá dice que parezco un mono, y mi abuela dice que me vaya a vivir a una plantación de plátanos, pues no entiendo muy bien lo que quieren decirme, yo sigo comiendo mis plátanos pecositos, esos son lo más ricos.
Mami, recuerdas cuando tu y yo eramos felices, le pregunto. Cuando fue eso hijita, me responde con extrañeza. Pues cuando me obligabas a comer yemas de huevo y cuando prefería comer mil veces plátanos de seda, le dije. Es cierto, y es que ahora no somos felices, me pregunta desconfiada. Pues, antes me sentía chiquita y acobijada, ahora ser adulto cuesta, aunque también hay mil manera de ser felices. Mami, y si recordamos un poquito, le propongo. Esta bien. Sonríe mi mamá para mi. Recuerdas que cantábamos a voz en cuello la flor de la canela, me pregunta. Si, lo recuerdo como si fuera ayer, le respondo. Cantemos entonces; "Dejame que te cuente limeña, dejame que te diga la gloria"...

Comentarios

Entradas populares de este blog

DONDE QUIERAS QUE ESTES

Querido Erick: Desde que tengo uso de razón, estás en mis recuerdos más vivos. Siempre fuiste un niño travieso, juguetón, creativo. Te inventabas tus propios juegos, jugabas a ser cura con tu biblia en mano, o bailabas sobre la cama con la energía y carisma de quien se sabe único. A veces te veía de lejos, calladamente, como si algo dentro de mí supiera que tú eras diferente, especial, sensible... más de lo que el mundo supo entender. Fuiste respondón, sí, pero también solidario: ayudabas a tu mamá Elva a calificar los exámenes, compartías tu risa, tus canciones, tus novelas mexicanas y tu amor por la música hindú. Tu alegría era particular, inimitable. Te veía crecer, cambiar, intentar encontrar un lugar en un mundo que muchas veces no tuvo la delicadeza para acogerte como merecías. Trabajaste, estudiaste, pero algo en el fondo parecía no llenarte del todo. Y aunque no lo supe entonces, hoy entiendo que dentro de ti había heridas que nadie alcanzó a ver, que quizás tú mismo no sabí...

LO QUE PASÓ

Aquella vez que me invitaste a almorzar, pocos días antes de mi cumpleaños, me pareció extraño, la invitación, y consigo el atrevimiento de tomar una foto nuestra y la publicaste en tus estados de WhatsApp. Recuerdo haber pensado: qué raro . ¿Qué intención tiene este  hombre que hace público algo que nunca ha definido en privado? Pasaron algunas semanas y un mensaje de voz llegó a mí desde un pariente cercano. Me contó una conversación que había tenido contigo, donde hablabas de planes conmigo, de un futuro posible. Aquello me resultó aún más desconcertante. Un hombre que quiere a una mujer no habla de ella como rumor; la mira de frente y se hace cargo. Eso, lejos de acercarme, me puso en alerta. Decidí observar. Tiempo después me escribiste por WhatsApp diciendo que teníamos planes, que viajaríamos, que conoceríamos algunos lugares juntos. Y nuevamente mi fino sentido, me decía: ¿Por qué tanta atención hacia mi? no voy a negar que la idea me ilusionó. Pensé —ingenuamente— que ...

LOS HOMBRES DE HOY: SU FALTA DE ENTREGA Y COMPROMISO

Hay una realidad que muchas mujeres comenzamos a ver con más claridad, especialmente después de la pandemia: algo ha cambiado profundamente en la manera en que muchos hombres se relacionan. Lo he vivido en carne propia, y hoy quiero reflexionar sobre ello. Antes de ser madre, antes del caos mundial que nos desubicó a todos, mis experiencias eran distintas. Salía con hombres que eran caballerosos, atentos, presentes. Me invitaban a salir, a comer, a conversar. Jamás me dijeron vamos 50/50. Nunca me pidieron fotos sugestivas, ni hubo exigencias sexuales. Había un respeto tácito. Había, al menos, un intento de cortejo.  Pero ahora, luego de cerrar definitivamente una relación intensa y dolorosa, decidí abrirme al mundo digital, no para encontrar el amor a ciegas, sino para entender e investigar, por mi misma: ¿qué está pasando con los vínculos?  ¿Qué se esconde detrás de tanto filtro y ego inflado?, ¿Qué se esconde detrás de una máscara? Y lo descubrí. Conocí a varios hombres...